Tras mi dosis nocturna
de nicotina,
comienzo a conciliar el sueño,
entre las cuatro paredes
que a veces nos atraparon.
Mis ojos se agitan
creando un lapsus
espacio-temporal
que me incita, por accidente
a recordarte.
Al esforzarme,
puedo verte
desnudo
e imaginarte, tocándome.
Sueño, como hace tiempo
con tu hermoso prepucio erizado,
tu cuerpo de débil apariencia
invadiendo enérgico mi ser,
el placer
de las primeras experiencias,
incesante atracción por lo desconocido
el magnetismo
suspendido sobre un abismo.
Siento un desgarro arterial
en este instante
en que tu presencia se agita
entre mis piernas.
Y regreso desde años atrás,
miro las fotos de la pared
y te arranco de ellas
tras un lustro de contemplación.
Y, situada de lleno en el presente,
se esfuma
tu prepucio erizado
y tu cuerpo de débil apariencia,
me libera.
Dejo de verte, recordarte y tocarte
a sabiendas
de que hoy sólo eres
otro de los sentimientos
que estampé
contra la pared.
Un repaso de mi yo interno a través de la poesía... Algunos poemas pueden ser difíciles de descifrar. Busca el sentido más metafórico imaginable y hallarás el significado... A veces las musas se marchan, pero siempre hacen un esfuerzo para volver; de ahí la intermitencia en el tiempo de estos escritos. Espero que lo disfrutes tanto como yo cuando me desgarro escribiendo.
Mostrando entradas con la etiqueta Erótica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Erótica. Mostrar todas las entradas
jueves, 14 de julio de 2011
jueves, 31 de marzo de 2011
Constelaciones de colchón
Qué poco importa
entre la atmósfera de tu sábana.
A ti, la luna no supo iluminarte;
a mí, el sol no pudo abrasarme,
olvidando que los astros brillan
espléndidos e independientes,
olvidando que las constelaciones calientan,
energética lumbre de Zeus.
Tú, el Carro de Santiago,
yo, la Osa Mayor.
Iluminados, iluminándonos
sobre lo infinito del universo,
bajo lo limítrofe de tu colchón;
mientras la lluvia de meteoritos
electrocuta toda terminación nerviosa,
un agujero negro
absorve toda cúspide
y el padre astral
explosiona
en el satélite terrestre.
Y las brasas solares
y las sombras lunares...
¡Qué poco importan
entre la atmósfera de tu sábana!
entre la atmósfera de tu sábana.
A ti, la luna no supo iluminarte;
a mí, el sol no pudo abrasarme,
olvidando que los astros brillan
espléndidos e independientes,
olvidando que las constelaciones calientan,
energética lumbre de Zeus.
Tú, el Carro de Santiago,
yo, la Osa Mayor.
Iluminados, iluminándonos
sobre lo infinito del universo,
bajo lo limítrofe de tu colchón;
mientras la lluvia de meteoritos
electrocuta toda terminación nerviosa,
un agujero negro
absorve toda cúspide
y el padre astral
explosiona
en el satélite terrestre.
Y las brasas solares
y las sombras lunares...
¡Qué poco importan
entre la atmósfera de tu sábana!
domingo, 6 de febrero de 2011
Sólo con caricias de fuego
Hay fantasmas que se creen capaces
de descifrar mis versos,
descuartizando mis palabras,
desnudándome mejor
de lo que yo jamás podría hacerlo.
Inocentes ellos.
Aquel quería domar a esta fiera,
evocar a su ser más interno
y así despertar
ciertas pasiones gélidas
y abismalmente aletargadas,
clavando en las entrañas
sus, cuidadosamente, talladas flechas,
arañando en el alma,
con sus, sutil y profundamente, afiladas garras;
más el hielo,
ese corazón congelado de la bestia,
aquel iceberg nacido en su pecho,
tan sólo se derretía con fuego,
con la cálida caricia
ejercida por el sol
sobre el cráter lunar
en las noches de invierno. Y es que
aquel carámbano amurallado
es tan sólido y acendrado
que las flechas y las garras
se debilitan en derribarlo.
...Y de ser al contrario,
sería el secreto mejor guardado.
de descifrar mis versos,
descuartizando mis palabras,
desnudándome mejor
de lo que yo jamás podría hacerlo.
Inocentes ellos.
Aquel quería domar a esta fiera,
evocar a su ser más interno
y así despertar
ciertas pasiones gélidas
y abismalmente aletargadas,
clavando en las entrañas
sus, cuidadosamente, talladas flechas,
arañando en el alma,
con sus, sutil y profundamente, afiladas garras;
más el hielo,
ese corazón congelado de la bestia,
aquel iceberg nacido en su pecho,
tan sólo se derretía con fuego,
con la cálida caricia
ejercida por el sol
sobre el cráter lunar
en las noches de invierno. Y es que
aquel carámbano amurallado
es tan sólido y acendrado
que las flechas y las garras
se debilitan en derribarlo.
...Y de ser al contrario,
sería el secreto mejor guardado.
Suscribirse a:
Entradas (Atom)