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lunes, 11 de abril de 2011

Autodestrucción (terrestre)

Nos creaste
en pos de suicidarte.
Fabricaste tu ideación,
tu ser perfecto,
buscándote,
nos encontraste.
Sabia madre tierra,
a tientas
te inducías en las tinieblas siniestras,
tu camino.
Receptor de tu existencia,
emisor de tus lenguas,
por ordenarte, por comprenderte,
por escucharte, por tu respuesta,
diste con la cúspide,
diana en la razón,
seres inteligentes,
objeto de tu causa profunda,
entendimiento, humanos. Vinieron,
por ti,
a otorgarte compañía,
a saberte viva,
a conocerte,
a experimentarte,
a hablarte.

Pero, dime, ¿en qué fallaste?

Buscándonos entre las profundidades
de tus océanos: oro negro.
Atravesando tus recónditos parajes,
oferta, venta, demanda: dinero.
Peregrinando los caminos de
la neurona, el alma, la respuesta: religión.

La réplica de tus plegarias se cumplió,
finiquitando la infinitud de tus dudas, creando
cerebros abismales,
cuya saciedad tan sólo es impulsada por la muerte.

Oro negro, dinero, religión... guerras.
Guerras que ignoran
nuestra propia existencia,
mutua mutilación,
daños al semejante,
ignorantes,
cargamos la bomba atómica
de odio,
ignorantes,
el daño al vecino, la bomba atómica,
el estallido contra uno mismo.

Tu falta de amor propio
posa nuestro pie en tu superficie,
al igual
que matamos al amigo,
la mutua mutilación,
mera autodestrucción,
matándonos,
te emulamos.

Nos inventaste,
te condenaste,
sin comprenderte,
te suicidaste.

domingo, 20 de febrero de 2011

Valle Alegría

Vengo al coto,
a contemplaros
aquí donde el humano
descarga su rabia y su odio,
penetrando vuestra inocencia,
menospreciando vuestra belleza.

Apacigua el graznido
la tempestad de esta sierra,
derrite el corzo
la palidez más gélida,
y el pez se zambulle
bajo las aguas frías, como muertas.

Vivís, ignorantes,
entre la paz y la libertad
del valle Alegría
y viene el arma del homo-sapiens
y se os lleva como trofeo, ya inertes
y lo llaman sabiduría.

miércoles, 24 de noviembre de 2010

El pequeño paraíso

Existe un lugar,
oculto tras las montañas,
donde el viento se lleva
las malas palabras.

Hay un paraíso,
camuflado entre pinos,
cuyas corrientes de río,
vienen cargadas de optimismo.

Conozco un rincón alejado,
donde toda mente se dispone a soñar,
donde no llega luz de farolas,
donde la luna regala energía,
donde el sol ilumina.

Su abandono,
jamás te abandona,
los matorrales abrigan,
el cielo es más azul
de lo que nuestros ojos imaginan.

Sobran las cervezas,
pues la naturaleza
trae fuerzas
para derribar gruesos muros,
en la conciencia.

Internet se conecta
en los hormigueros,
el único móvil es
el vuelo del águila,
las únicas antenas,
las portan las mariposas;
los escorpiones atacan
a tus angustias,
las arañas cargan,
en cada una de sus patas,
una sonrisa.

En verano, un suspiro,
y el alma en armonía;
en otoño, el chopo rojo,
te invita a tazas de café,
junto a calor de chimenea,
que flambea despojos;
el frío invierno congela los llantos;
en primavera, la flor del almendro,
va madurando,
coloreando de blanco,
al corazón templado.

Tan sólo se escuchan
los susurros del aire,
el cantar de los pájaros,
el amanecer del gallo.
Flora y fauna
de toda especie,
embellecen,
contagiando en positivo,
a cualquiera que se preste.

Cada una de sus cascadas,
trae cargadas millones de gotas,
en que vienen las musas, sembradas.
Los ladridos del perro,
aullan cientos de versos.
Sus bosques hospitalarios,
de cuento,
recogen mágicas piedras,
(se comenta que a la mala gente,
la hechizan a buena).
La tierra se olvida de tus lamentos,
las fuentes se beben tu pasado y los tormentos.
Sus senderos conducen al mar de la alegría,
y, sus escasos paisanos, no conocen la prisa.

Las cimas de sus montañas,
se guardan los malos recuerdos,
y, en el valle, se detiene el tiempo.

Es el rincón cuyos visitantes,
con vista al horizonte,
divisan, sin miedo,
del color de sus sueños,
toda una vida.

Es una tortura volver,
a la realidad de la ciudad,
cuyos segundos, se limitan
a derramar velocidad.

Volveremos a escaparnos,
cuando el tiempo haga un hueco,
a fumarnos la luna,
a cumplir nuestros sueños.