Ayer eras una extraña en mi televisión.
Hoy te pongo rostro, nombre y apellidos.
Y soy capaz de dibujar una parte de tu árbol genealógico
y he conocido a todos tus vecinos.
Y, después de ser una entre los tuyos,
sé que un día serás una entre los míos
y los míos y los tuyos, serán uno entre sí.
Y cuando vuelva a mirar los rostros tras la pantalla,
ya no pensaré en aquéllos, sino en nosotros.
Porque los tuyos ya son los míos
y los míos serán los tuyos
aquel día en que las barreras invisibles caigan...
Y desde hoy ya no conduciré mi vida
sin pensar a dónde irá la tuya,
porque tú eres de las mías
y yo seré de las tuyas.
Porque el yo que hoy te mira
no es el yo que te miraba
y este yo que hoy te recuerda,
no es el yo que te pensaba.
Porque tu mirada
y mi mirada se han cruzado
y mi cabeza
y tu cabeza hoy se piensan.
Y los del Mediterráneo
siempre fueron los nuestros.
Por este mar que nos bañó,
este que fue el mar de mi vida
es hoy el mar de la muerte de los míos.
Porque ayer te puse rostro, nombre y apellidos
y supe que parte de tu árbol genealógico había quedado vacío.
Un repaso de mi yo interno a través de la poesía... Algunos poemas pueden ser difíciles de descifrar. Busca el sentido más metafórico imaginable y hallarás el significado... A veces las musas se marchan, pero siempre hacen un esfuerzo para volver; de ahí la intermitencia en el tiempo de estos escritos. Espero que lo disfrutes tanto como yo cuando me desgarro escribiendo.
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martes, 8 de noviembre de 2016
sábado, 9 de enero de 2016
Marina (ego en manifiesto)
Marina es una metáfora
oculta en un poema.
Marina son las luces
que atraviesan las sombras.
Un quiebro interno
al final de la primavera,
el sueño de una noche de verano
elevado a su máximo exponente.
Dolores acorazados
bajo piedra pómez,
lava que brota repentinamente.
Una mirada nueva
hacia América Latina.
La fuente de energía
de la que todos bebieron, beben y beberán.
La sonrisa ante el llanto.
El llanto ante la cólera.
La cólera ante el silencio.
Marina es improvisación y desorden
sobre la cuadrícula.
Marina soy Yo. Yo soy Marina.
oculta en un poema.
Marina son las luces
que atraviesan las sombras.
Un quiebro interno
al final de la primavera,
el sueño de una noche de verano
elevado a su máximo exponente.
Dolores acorazados
bajo piedra pómez,
lava que brota repentinamente.
Una mirada nueva
hacia América Latina.
La fuente de energía
de la que todos bebieron, beben y beberán.
La sonrisa ante el llanto.
El llanto ante la cólera.
La cólera ante el silencio.
Marina es improvisación y desorden
sobre la cuadrícula.
Marina soy Yo. Yo soy Marina.
martes, 26 de octubre de 2010
Comprender antes de odiar
Es irónico que a ti,
quien consideraba
el ser más
deleznable del planeta,
mi peor enemiga,
la más sucia persona
que se ha cruzado
en mi vida...
Es irónico
que sea tu figura
la que me haya
enseñado a
quedarme en paz
conmigo, a racionalizar
al odio.
Han pasado muchos
años, y, sin embargo,
en mi cabeza,
es hoy que el destino
se pone de tu lado,
al comprender
que estabas enferma.
Curiosamente,
mi camino,
se cruzó con la
horma de tu zapato
y, extrañamente,
he asumido
al único ser
que ayer
había odiado.
Hoy, desde aquí,
y a pesar de los pesares,
te pido perdón,
por no comprender,
hace años,
tu fata de educación,
de respeto
y de compasión,
por odiarte
antes de estudiarte.
Me alegra saber
que eras sólo una
enfermita,
dado que perdía
esperanzas de todo
al mirar tu carita
y preguntarme:
¿cómo puede habitar
en la tierra gente tan
podrida?
Ahora, puedo pensar
en ti, con cierta
compasión,
aunque sigas siendo
sólo una zorra
(hay cosas que no cambian),
pero ya, ni mucho
menos, te deseo
lo peor,
eso sí, cuando actúes:
¡Lejos de aquí, por favor!
quien consideraba
el ser más
deleznable del planeta,
mi peor enemiga,
la más sucia persona
que se ha cruzado
en mi vida...
Es irónico
que sea tu figura
la que me haya
enseñado a
quedarme en paz
conmigo, a racionalizar
al odio.
Han pasado muchos
años, y, sin embargo,
en mi cabeza,
es hoy que el destino
se pone de tu lado,
al comprender
que estabas enferma.
Curiosamente,
mi camino,
se cruzó con la
horma de tu zapato
y, extrañamente,
he asumido
al único ser
que ayer
había odiado.
Hoy, desde aquí,
y a pesar de los pesares,
te pido perdón,
por no comprender,
hace años,
tu fata de educación,
de respeto
y de compasión,
por odiarte
antes de estudiarte.
Me alegra saber
que eras sólo una
enfermita,
dado que perdía
esperanzas de todo
al mirar tu carita
y preguntarme:
¿cómo puede habitar
en la tierra gente tan
podrida?
Ahora, puedo pensar
en ti, con cierta
compasión,
aunque sigas siendo
sólo una zorra
(hay cosas que no cambian),
pero ya, ni mucho
menos, te deseo
lo peor,
eso sí, cuando actúes:
¡Lejos de aquí, por favor!
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