Por la paz que trae la montaña, hablo.
Por no haber aprendido a hablar, lloro.
Por no saber llorar, suspiro.
Por ahogarme al suspirar, escribo.
Un repaso de mi yo interno a través de la poesía... Algunos poemas pueden ser difíciles de descifrar. Busca el sentido más metafórico imaginable y hallarás el significado... A veces las musas se marchan, pero siempre hacen un esfuerzo para volver; de ahí la intermitencia en el tiempo de estos escritos. Espero que lo disfrutes tanto como yo cuando me desgarro escribiendo.
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domingo, 20 de febrero de 2011
miércoles, 9 de febrero de 2011
Vuelves. Gracias
Vuelves, hablas,
lloras, ríes,
sudas, mientes.
Vuelves y conviertes
los más prútridos escombros
en
el más límpido optimismo.
Vuelves, sales,
vomitas, tragas,
piensas, sientes.
Vuelves y te cuento
todo mi pánico a hablar,
a sentirme incomprendida
y me ayudas a entender
todo aquello que no sé ni yo misma.
E irónicamente, aquí estás tú,
tras el dolor que me dejaste con tu huída,
resurgiendo desde el rincón
más profundo,
más oscuro,
más sucio,
más obtuso,
más nítido,
más sincero,
más directo
en que indirectamente te hallabas,
allá,
entre los recovecos de mi alma.
Y vuelves
y les cuentas a todos
y sin hablarles de nada
la omnipotencia de tu ser,
cuántas cosas, cuántas te guardas.
¿Cómo? Dime, ¿cómo?
¿Cómo saldamos nuestra deuda?
¿Cómo te devuelvo tanto que te debo?
Por volver,
por escuchar mi voz callada,
por tragar mi dolor y convertirlo en parrafadas,
por conocer todos los secretos
existentes entrelíneas de mis versos,
por trastonar el odio en entendimiento.
¿Cómo? Dime, ¿cómo?
Que aún dejándome, lo serás todo,
mi miedo a encerrarme en ti,
la pura felicidad de poseerte,
mi musa, mi ruina,
mi aislamiento, mi libertad,
mi conocimiento, mi dolor,
mi guerra, mi paz,
mi delirio, mi sueño.
Te lo daré
del único modo que sé:
GRACIAS, POESÍA.
lloras, ríes,
sudas, mientes.
Vuelves y conviertes
los más prútridos escombros
en
el más límpido optimismo.
Vuelves, sales,
vomitas, tragas,
piensas, sientes.
Vuelves y te cuento
todo mi pánico a hablar,
a sentirme incomprendida
y me ayudas a entender
todo aquello que no sé ni yo misma.
E irónicamente, aquí estás tú,
tras el dolor que me dejaste con tu huída,
resurgiendo desde el rincón
más profundo,
más oscuro,
más sucio,
más obtuso,
más nítido,
más sincero,
más directo
en que indirectamente te hallabas,
allá,
entre los recovecos de mi alma.
Y vuelves
y les cuentas a todos
y sin hablarles de nada
la omnipotencia de tu ser,
cuántas cosas, cuántas te guardas.
¿Cómo? Dime, ¿cómo?
¿Cómo saldamos nuestra deuda?
¿Cómo te devuelvo tanto que te debo?
Por volver,
por escuchar mi voz callada,
por tragar mi dolor y convertirlo en parrafadas,
por conocer todos los secretos
existentes entrelíneas de mis versos,
por trastonar el odio en entendimiento.
¿Cómo? Dime, ¿cómo?
Que aún dejándome, lo serás todo,
mi miedo a encerrarme en ti,
la pura felicidad de poseerte,
mi musa, mi ruina,
mi aislamiento, mi libertad,
mi conocimiento, mi dolor,
mi guerra, mi paz,
mi delirio, mi sueño.
Te lo daré
del único modo que sé:
GRACIAS, POESÍA.
miércoles, 24 de noviembre de 2010
El pequeño paraíso
Existe un lugar,
oculto tras las montañas,
donde el viento se lleva
las malas palabras.
Hay un paraíso,
camuflado entre pinos,
cuyas corrientes de río,
vienen cargadas de optimismo.
Conozco un rincón alejado,
donde toda mente se dispone a soñar,
donde no llega luz de farolas,
donde la luna regala energía,
donde el sol ilumina.
Su abandono,
jamás te abandona,
los matorrales abrigan,
el cielo es más azul
de lo que nuestros ojos imaginan.
Sobran las cervezas,
pues la naturaleza
trae fuerzas
para derribar gruesos muros,
en la conciencia.
Internet se conecta
en los hormigueros,
el único móvil es
el vuelo del águila,
las únicas antenas,
las portan las mariposas;
los escorpiones atacan
a tus angustias,
las arañas cargan,
en cada una de sus patas,
una sonrisa.
En verano, un suspiro,
y el alma en armonía;
en otoño, el chopo rojo,
te invita a tazas de café,
junto a calor de chimenea,
que flambea despojos;
el frío invierno congela los llantos;
en primavera, la flor del almendro,
va madurando,
coloreando de blanco,
al corazón templado.
Tan sólo se escuchan
los susurros del aire,
el cantar de los pájaros,
el amanecer del gallo.
Flora y fauna
de toda especie,
embellecen,
contagiando en positivo,
a cualquiera que se preste.
Cada una de sus cascadas,
trae cargadas millones de gotas,
en que vienen las musas, sembradas.
Los ladridos del perro,
aullan cientos de versos.
Sus bosques hospitalarios,
de cuento,
recogen mágicas piedras,
(se comenta que a la mala gente,
la hechizan a buena).
La tierra se olvida de tus lamentos,
las fuentes se beben tu pasado y los tormentos.
Sus senderos conducen al mar de la alegría,
y, sus escasos paisanos, no conocen la prisa.
Las cimas de sus montañas,
se guardan los malos recuerdos,
y, en el valle, se detiene el tiempo.
Es el rincón cuyos visitantes,
con vista al horizonte,
divisan, sin miedo,
del color de sus sueños,
toda una vida.
Es una tortura volver,
a la realidad de la ciudad,
cuyos segundos, se limitan
a derramar velocidad.
Volveremos a escaparnos,
cuando el tiempo haga un hueco,
a fumarnos la luna,
a cumplir nuestros sueños.
oculto tras las montañas,
donde el viento se lleva
las malas palabras.
Hay un paraíso,
camuflado entre pinos,
cuyas corrientes de río,
vienen cargadas de optimismo.
Conozco un rincón alejado,
donde toda mente se dispone a soñar,
donde no llega luz de farolas,
donde la luna regala energía,
donde el sol ilumina.
Su abandono,
jamás te abandona,
los matorrales abrigan,
el cielo es más azul
de lo que nuestros ojos imaginan.
Sobran las cervezas,
pues la naturaleza
trae fuerzas
para derribar gruesos muros,
en la conciencia.
Internet se conecta
en los hormigueros,
el único móvil es
el vuelo del águila,
las únicas antenas,
las portan las mariposas;
los escorpiones atacan
a tus angustias,
las arañas cargan,
en cada una de sus patas,
una sonrisa.
En verano, un suspiro,
y el alma en armonía;
en otoño, el chopo rojo,
te invita a tazas de café,
junto a calor de chimenea,
que flambea despojos;
el frío invierno congela los llantos;
en primavera, la flor del almendro,
va madurando,
coloreando de blanco,
al corazón templado.
Tan sólo se escuchan
los susurros del aire,
el cantar de los pájaros,
el amanecer del gallo.
Flora y fauna
de toda especie,
embellecen,
contagiando en positivo,
a cualquiera que se preste.
Cada una de sus cascadas,
trae cargadas millones de gotas,
en que vienen las musas, sembradas.
Los ladridos del perro,
aullan cientos de versos.
Sus bosques hospitalarios,
de cuento,
recogen mágicas piedras,
(se comenta que a la mala gente,
la hechizan a buena).
La tierra se olvida de tus lamentos,
las fuentes se beben tu pasado y los tormentos.
Sus senderos conducen al mar de la alegría,
y, sus escasos paisanos, no conocen la prisa.
Las cimas de sus montañas,
se guardan los malos recuerdos,
y, en el valle, se detiene el tiempo.
Es el rincón cuyos visitantes,
con vista al horizonte,
divisan, sin miedo,
del color de sus sueños,
toda una vida.
Es una tortura volver,
a la realidad de la ciudad,
cuyos segundos, se limitan
a derramar velocidad.
Volveremos a escaparnos,
cuando el tiempo haga un hueco,
a fumarnos la luna,
a cumplir nuestros sueños.
sábado, 20 de noviembre de 2010
Otro modo de vivir
Suspendida en el aire
me hallo,
en deuda con la luna,
la mejor de mis musas;
quemada con el sol,
que me sustrae la ilusión;
reclusa de los besos que me robaron,
mis secretos pecados;
intimidada por una mirada
extrema, infinita, pasajera;
cautivada por los hechizos
de palabras que el viento se lleva,
obsesionada con en ese néctar,
que me trajeron las abejas;
hipnotizada por los encantos
de la madre naturaleza;
mártir de mi sonrisa eterna.
No hay mayor paraíso
que aquel que edifica mi musa,
aunque me encierre en esta celda
de poesía difusa.
Sumergida en este,
mi mundo de irrealidades,
fugitiva de un castillo encantado,
que me abstrae de las verdades.
Soy una presa de mis obligaciones,
soy libre de elegir mis pasiones
y sentimientos,
aunque, en ocasiones,
me supongan el tormento.
Me sobran las palabras,
cuando unos ojos me hablan,
me embriaga este calor,
pero hoy, sólo hoy,
quiero dármelo yo.
No voy a rechazar
ni sonrisas, ni miradas,
pero ahora,
sólo quiero estar sola,
con la almohada.
No quiero a nadie, robándome la paz,
quiero escucharme, sin importarme lo demás.
Fue un placer encontrarme de nuevo,
pero no alcanzo el nirvana si no me pierdo.
No hay mayor paraíso
que aquel que edifican mis musas,
aunque me encierre en esta celda
de poesías difusas.
No te asustes al encontrarme
en mi rincón solitario,
con los huesos escuálidos,
vomitando versos cálidos,
sobre los papeles pálidos.
Me disocio, hoy, de la vida terrenal,
me dirijo, hoy, a mi mundo espiritual,
es sólo otro modo de vivir,
volar y ser feliz,
dolor interior autoinflingido,
negligencia contra mí,
otro modo de sentir,
arañarme yo solita las entrañas,
¿te extraña?
es un modo de escribir,
hacerme daño
y que mi corazón de hielo
se derrita con el fuego,
aprendiendo a latir,
saberme viva.
Crucificarme,
desangrarme
y que me salga el mejor verso,
no morder, ni despreciar
a los que más quiero:
Me encierro.
me hallo,
en deuda con la luna,
la mejor de mis musas;
quemada con el sol,
que me sustrae la ilusión;
reclusa de los besos que me robaron,
mis secretos pecados;
intimidada por una mirada
extrema, infinita, pasajera;
cautivada por los hechizos
de palabras que el viento se lleva,
obsesionada con en ese néctar,
que me trajeron las abejas;
hipnotizada por los encantos
de la madre naturaleza;
mártir de mi sonrisa eterna.
No hay mayor paraíso
que aquel que edifica mi musa,
aunque me encierre en esta celda
de poesía difusa.
Sumergida en este,
mi mundo de irrealidades,
fugitiva de un castillo encantado,
que me abstrae de las verdades.
Soy una presa de mis obligaciones,
soy libre de elegir mis pasiones
y sentimientos,
aunque, en ocasiones,
me supongan el tormento.
Me sobran las palabras,
cuando unos ojos me hablan,
me embriaga este calor,
pero hoy, sólo hoy,
quiero dármelo yo.
No voy a rechazar
ni sonrisas, ni miradas,
pero ahora,
sólo quiero estar sola,
con la almohada.
No quiero a nadie, robándome la paz,
quiero escucharme, sin importarme lo demás.
Fue un placer encontrarme de nuevo,
pero no alcanzo el nirvana si no me pierdo.
No hay mayor paraíso
que aquel que edifican mis musas,
aunque me encierre en esta celda
de poesías difusas.
No te asustes al encontrarme
en mi rincón solitario,
con los huesos escuálidos,
vomitando versos cálidos,
sobre los papeles pálidos.
Me disocio, hoy, de la vida terrenal,
me dirijo, hoy, a mi mundo espiritual,
es sólo otro modo de vivir,
volar y ser feliz,
dolor interior autoinflingido,
negligencia contra mí,
otro modo de sentir,
arañarme yo solita las entrañas,
¿te extraña?
es un modo de escribir,
hacerme daño
y que mi corazón de hielo
se derrita con el fuego,
aprendiendo a latir,
saberme viva.
Crucificarme,
desangrarme
y que me salga el mejor verso,
no morder, ni despreciar
a los que más quiero:
Me encierro.
Desidia otoñal
Han volado las hojas de los árboles,
¿qué más dá?
el cobijo de sus sombras es hoy prescindible,
porque este sol
es inepto de calentarme el corazón.
Inmensas ojeras
pueblan las cuencas de mis ojos,
desconozco la razón, desidia otoñal,
sólo me impulsa a dormir y a soñar.
Diversas voces van nublando mis sentidos,
numerosas corrientes me conducen por siniestros ríos;
entre las nubes, escapan rayitos de luna,
energía insuficiente, me atrapan mis dudas,
¿las resuelvo?
no, las evado, me revuelvo.
En mi mesa, libros, apuntes y demás
¿qué más da?
incapacidad de concentración,
desidia otoñal.
Sólo me atrapan las sábanas
de cualquier cama,
estímulos externos,
numerosas corrientes,
y todos me quieren apresar,
¿qué más da?
yo sólo me dejo llevar.
Quiero oír,quiero oler,
quiero mirar, quiero morder,
quiero tocar
... sentir,
pero soy incapaz,
desidia otoñal.
¿Qué importará?
Hoy sólo me preocupa
que las musas
no me abandonen más.
Desidia otoñal.
¿qué más dá?
el cobijo de sus sombras es hoy prescindible,
porque este sol
es inepto de calentarme el corazón.
Inmensas ojeras
pueblan las cuencas de mis ojos,
desconozco la razón, desidia otoñal,
sólo me impulsa a dormir y a soñar.
Diversas voces van nublando mis sentidos,
numerosas corrientes me conducen por siniestros ríos;
entre las nubes, escapan rayitos de luna,
energía insuficiente, me atrapan mis dudas,
¿las resuelvo?
no, las evado, me revuelvo.
En mi mesa, libros, apuntes y demás
¿qué más da?
incapacidad de concentración,
desidia otoñal.
Sólo me atrapan las sábanas
de cualquier cama,
estímulos externos,
numerosas corrientes,
y todos me quieren apresar,
¿qué más da?
yo sólo me dejo llevar.
Quiero oír,quiero oler,
quiero mirar, quiero morder,
quiero tocar
... sentir,
pero soy incapaz,
desidia otoñal.
¿Qué importará?
Hoy sólo me preocupa
que las musas
no me abandonen más.
Desidia otoñal.
martes, 16 de noviembre de 2010
La búsqueda de las musas
Un eco tras las montañas
llega a todos los rincones del alma,
como llega sol sobre los pinos,
justo antes del alba...
¿serán ellas?
Al fondo, olor húmedo
¿será el rocío?
da lo mismo, se lo llevará
el río.
¿Y la luna llena?
¿Cuánto falta para que vuelva?
Y viene la luna, besa su cara...
¡Vaya! tampoco era la luna.
"¿A quién esperabas?"
Y no escucho nada.
¡Ah! la arena me inspira,
y la pruebo,
me revuelco.
"No, tampoco la arena
valía de nada."
¿Qué fue del fuego?
"Ya te quemaste,
lo mandaste lejos."
¿Y ahora? ¿Me tiro al mar?
"No lo intentes, te ahogarás"
"Siéntate y observa".
"Tu poesía no la impulsa
la búsqueda desenfrenada de tu musa;
es la unión de todo aquello
que tus ojos contemplan".
¡Qué golfas mis musas!
¿por qué huyen despavoridas
cuando mi cabeza más las precisa?
"¡Ah, bien!
No las busques,
vendrán solas,
cuando menos las esperas."
¿Sí?
¿Y si no vienen? ¿Las espero?
"No, tal vez no vuelvan,
tú sólo siéntate, observa,
tú sólo siente, disfruta,
entonces, quizás, como
una primavera trae fruta,
reaparezcan tus musas."
Y entonces...
Un eco tras las montañas
llega a todos los rincones del alma,
como llega sol sobre los pinos,
justo antes del alba...
¿serán ellas?
Y me agarran de las manos,
y me elevan,
hasta tocar las estrellas.
llega a todos los rincones del alma,
como llega sol sobre los pinos,
justo antes del alba...
¿serán ellas?
Al fondo, olor húmedo
¿será el rocío?
da lo mismo, se lo llevará
el río.
¿Y la luna llena?
¿Cuánto falta para que vuelva?
Y viene la luna, besa su cara...
¡Vaya! tampoco era la luna.
"¿A quién esperabas?"
Y no escucho nada.
¡Ah! la arena me inspira,
y la pruebo,
me revuelco.
"No, tampoco la arena
valía de nada."
¿Qué fue del fuego?
"Ya te quemaste,
lo mandaste lejos."
¿Y ahora? ¿Me tiro al mar?
"No lo intentes, te ahogarás"
"Siéntate y observa".
"Tu poesía no la impulsa
la búsqueda desenfrenada de tu musa;
es la unión de todo aquello
que tus ojos contemplan".
¡Qué golfas mis musas!
¿por qué huyen despavoridas
cuando mi cabeza más las precisa?
"¡Ah, bien!
No las busques,
vendrán solas,
cuando menos las esperas."
¿Sí?
¿Y si no vienen? ¿Las espero?
"No, tal vez no vuelvan,
tú sólo siéntate, observa,
tú sólo siente, disfruta,
entonces, quizás, como
una primavera trae fruta,
reaparezcan tus musas."
Y entonces...
Un eco tras las montañas
llega a todos los rincones del alma,
como llega sol sobre los pinos,
justo antes del alba...
¿serán ellas?
Y me agarran de las manos,
y me elevan,
hasta tocar las estrellas.
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