jueves, 2 de julio de 2015

Por si nos diera por volver...

Ya te dejo...
Marcho y te dejo el testigo de mis andadas por tus calles,
el latir de mi corazón, rompiendo la torácica de felicidad,
el humo del último cigarro,
las carreras de Trufa por la playa,
las risas en la terraza de algún bar
y, cómo no, las llaves de mi hogar.

Guardame y guárdanos,
a todos aquellos que te amamos y te vivimos,
consérvanos intacto Benimaclet,
por si nos diera por volver.

Ocúltanos en algunos de sus bohemios rincones,
donde nadie nos pida lo que queremos hacer.

Manténnos unas Estrellas frescas,
las guitarras en la Plaza,
las bravas y el burret,
por si nos diera por volver.

Gracias por darnos más de lo que te pedimos,
la brisa del mar
y los buenos amigos.
Por las hortalizas de l´horta
y por consentir a Madrid
que me esperase con los míos.

Ahora es verano
y vuelvo, por poco,
a la tierra,
a recibir el mejor de los abrazos
y aún así recordar el mecer de tus olas,
la humedad hecha nostalgia
y las risas en tus terrazas.

Parto y contemplo
el comienzo de una nueva Valencia,
soñada hace décadas por sus paisanos.

Guardame,
porque un fragmento de mi memoria,
vivirá siempre en ti.

martes, 20 de diciembre de 2011

De amor y libertad

El ansia de libertad
no se entorpece
en un pálido rostro invernal.

Estoy abrazada a la inquietud,
sobre la que espolvoreo dosis
de tenacidad, raciocinio y valor.

Mi fiera interna
arrancó sus gruesas cadenas
y el mañana sigue colgado de la incertidumbre.

Entre tanto trasiego,
ha sido inevitable
el recuerdo de tu ausencia,
cuando camino entre las voces de la gente
y me sumerjo en sus miradas autómatas,
no te hallo.
Quizás nunca estuviste,
y tu sonrisa no porte
la paz de mis anhelos.
Si volvieras a rozarme,
sosegaría tanta tempestad,
callaría todos mis gritos,
por uno sólo de tus besos.

Amaina la tormenta,
las cataratas translúcidas
pueblan mis pestañas,
en los charcos: tu rostro sonriente.
Igual que la última vez
que atravesé tus pupilas.

martes, 13 de diciembre de 2011

Alquimia de revolución

Nadie exige responsabilidades
a esos cuervos negros
que vuelan sobre nuestras cabezas.

En el interior nos carcome
cada acto realizado
bajo el juramento de la conciencia.

Al Norte hay una minoría de felinos
que devoran con ansia despiadada
a los ratones del Sur.

Nosotros, a dentelladas, hemos
engullido nuestros dedos,
con la energía desbordada a fin de mes.

En el mar, los tiburones, nadan individualizados
y alimentan sus gaznates
a base de pequeños peces colectivamente desorganizados.

A cada paso andado,
las neuronas nos remiten al vecino,
caminos de largo recorrido,
motivos para permanecer unidos.

domingo, 16 de octubre de 2011

El amanecer testigo

De todos ellos,
desprecio el sabor
del último beso.
Cuando los amaneceres, sucesivamente
se vuelven testigos silenciosos
de mi ausente inocencia,
me abrazo a los placeres
que Afrodita me inculcó.
En estado semi-consciente
rozo sus bocas,
como únicas y exquisitas,
vivo nocturna,
sin la presencia mental
del mañana.
Me despojé de
las nostalgias
y
las añoranzas,
sin embargo,
a pesar de las lluvias,
todos mis acompañantes,
se refugian en algún rincón de mi memoria.
La experiencia, prosigue
su cauce y,
de todos ellos,
rechazo el sabor
del último beso.

jueves, 11 de agosto de 2011

Se rompe la falacia. Libertad.

Respiro bajo la cúpula
de smog gris
que envuelve a mi ciudad natal,
Madrid,
aplomada por las almas velocípedas
cuyas miradas olvidaron cruzarse,
bailando los tempos rápidos
de los pentagramas humanos
y las luces farrucas iluminan
sus rostros desfigurándose,
desconociendo los encantos
de los pequeños momentos,
fluctuamos veloces y a contratiempo.

Cae, de la noche a la mañana,
la falacia de lo inexistente.

Indignación,
frustración
e impotencia, florecen.

Las raíces de los árboles
apuntan hacia el cielo.

Descorcho la botella del sentimiento
y brindo con el apocalipsis.

Mujer pacífica y paciente,
contempla a viejas marionetas,
llenas de polvo,
recobrando vida,
despojadas ya de su conducta indiferente.

Penurias y desgracias,
desplome estructural,
y, por razones abstrusas,
diviso, a lo lejos, la libertad social.

sábado, 16 de julio de 2011

Vacío vital

El vacío vital
que experimentamos los poetas,
a penas se pavimenta
un palmo tras la lectura
del último libro que terminé.

El pelo de mi perro
termina de relamer
las cicatrices consecutivas
a mis jugos gastrointestinales.

Bajo los relucientes rayos que brotan
de cada cráter lunar,
doy, sobre el papel, lugar
al desorden de mis preguntas
sin respuesta;
mis externos dan paso a mi orquesta
catatónicos, inquietos ante
la breve partitura abstracta que vibra
desorganizada sobre mis instrumentos.

Puedo escuchar en mí millones de explosiones,
voces procedentes de cada punto cardinal,
información de índoles varias
y no hallar el invento ordenador
de mi caótico taller de herramientas,
mientras continúo, siempre melena al viento,
buscando el serrucho que arranque la férrea correa
que amarra a mi fiera interna.

El libro, mi perro, mis cicatrices,
los relucientes rayos,las preguntas sin respuesta,
mis externos, mi orquesta
y mi diversa infinidad,
caen en el abismo desorganizado de mi taller de herramientas
y se acaricia con entusiasmo mi perfecta imperfección
sin haberse logrado pavimentar
a penas un palmo
de mi vacío vital.

Conservad el decrecimiento

Observo
atenta y activamente
vuestras conversaciones banales,
de principios carentes
y fundamentos retrógrados, decadentes.

Contemplo lo infinito del horizonte,
tratando de amarrarme
a las cadenas desidiosas
que aún no optaron por atarme.

Y sobrevuelo, en viajes astrales
las montañas, los árboles
y la esencia de la más pura inocencia
que envuelve a los animales.

Sueño entonces que cambio de postura
y me mimetizo empáticamente
en vuestro diálogo errático.

Me pregunto si seréis conscientes
del universo inmenso que os rodeaba
y se transfiguraba al tiempo
que fluctuaba vuestro llano vocabulario.

Tal vez, este segundo no sea mi tiempo,
quizás este paraje artificial no sea mi lugar.

Hace algún tiempo, príncipes y princesas
fueron víctimas del aborto.

Continuad absortos,
ignorad que es tarde para conservar
el decrépito decrecimiento
del sistema capital,
total...,
siempre fue igual,
mientras algunos se levantaban
otros se refugiaban entre la tele y el sofá.